10 hábitos como conductor que son malos para tu coche

Son hábitos que, si bien no son peligrosos en pequeñas dosis, a la larga pueden afectar al estado general del vehículo o incluso desembocar en grandes averías.

Los buenos hábitos al volante pueden evitar accidentes, pero también la aparición de futuras averías o problemas en la mecánica. Todos pecamos de tener determinados vicios mientras usamos nuestro coche, vicios que se pueden ir corrigiendo poniendo un poco más de atención al volante en nuestro día a día. Te contamos cuáles son algunos de estos malos hábitos que a la larga pueden costarnos muy caros en la factura del taller.

Ignorar el freno de aparcamiento

Incluso estando aparcado en una superficie nivelada, no hay razón para no usar el freno de estacionamiento. Si no se utiliza el freno, todo el peso del vehículo recae sobre una pequeña pieza de metal en la transmisión llamada trinquete de estacionamiento, del tamaño de un dedo, lo que puede provocar que tarde o temprano se desgaste o se rompa por tener que soportar todo el peso. Usar el freno de estacionamiento iguala la carga y ayuda a los delicados componentes de la transmisión a durar más tiempo.

Conducir con el coche en reserva

Circular con cinco o menos litros de combustible en el depósito garantiza el funcionamiento del sistema de alimentación, pero a la larga puede ser contraproducente para la bomba de combustible del coche. En los automóviles con inyección electrónica, la bomba de combustible, que es eléctrica, está sumergida en el tanque. Cuando el nivel de combustible entra en reserva, la protección de la bomba puede resultar comprometida. De esta forma, pagar un poco más en la gasolinera puede doler, pero no tanto como tener que cambiar la bomba de combustible.

imagegallery-48815-584e901e720b3

Cambiar de forma repentina

Estás saliendo de un aparcamiento marcha atrás y sin parar el coche, vuelves a meter primera. Con el tiempo, estos cambios repentinos de dirección pueden dañar la transmisión. En su lugar, antes de cambiar, conviene detener el coche por completo. Sólo te llevará un segundo y puede salvar una futura avería del motor, la transmisión o el eje.

Acelerar antes de que el motor esté caliente

Esperar un minuto o dos después de arrancar el coche puede ser una buena idea. Esto ayuda a distribuir el aceite por todas las partes del motor y conseguir que éste, al igual que el aceite, alcancen una temperatura ideal. Acelerar en exceso con el motor frío no ayuda y provoca un mayor desgaste interno del motor.

Acelerar al máximo

Todo entusiasta de los coches ha sentido la tentación de acelerar al máximo alguna vez en la vida. El problema es que después hay que someter a un esfuerzo extra a los frenos para detener el coche o reducir la marcha. Nada de esto es bueno para el coche. Una aceleración fuerte quema una tonelada de combustible (tal vez no para un Tesla) y coloca fuertes cargas sobre determinados componentes de la transmisión.

Mantener la mano apoyada en la palanca de cambios

Apoyar la mano en el cambio durante la conducción ejerce presión sobre los mecanismos internos de la caja de cambios, lo que acaba por desgastar y provocar holguras en los sincronizadores, los rodamientos… Es mejor mantener ambas manos en el volante, lo que ayudará a la transmisión y también en caso de tener que hacer una maniobra de evasión repentina.

imagegallery-48815-584e901e17a50

Abusar del embrague

Muchos conductores de un coche con caja de cambios manual mantienen el pedal de embrague pisado estando detenidos en un semáforo, para estar listos para salir en el momento en el que el semáforo se pone verde. Actuando así, se producen fricciones internas, afectando al disco y a todas las piezas que actúan sobre él.

Llevar el coche sobrecargado

Cuando más pesa un coche, más estrés provoca sobre la transmisión, la suspensión, los frenos y consume más combustible. Quitar unos kilogramos extra de peso puede suponer unos kilómetros más de autonomía. Debemos asegurarnos de llevar sólo lo necesario en el coche y guardar el resto en otro sitio hasta que sean necesarios para un viaje.

Abusar de los frenos en descensos

Pisar el pedal del freno durante un largo periodo de tiempo acelera el desgaste de los discos y las pastillas, provoca deformaciones en los discos, que se creen vibraciones en el volante al frenar y deteriorará el líquido de frenos. En su lugar, lo mejor es bajar a marchas más cortas, disminuirá el desgaste de los frenos y serán más eficaces.

Descuidar señales de aviso

Cuando algo va mal en el coche, lo más seguro es que éste trate de decírnoslo. Cualquier vibración extraña u otro síntoma inusual debe ser inspeccionado enseguida. Cuanto más esperemos, peor puede ser el problema y puede dejarnos tirados en la cuneta cualquier día.

Fuente de la noticia: autopista.es